Después de mucho tiempo vuelvo a publicar, el tiempo, los estudios y el trabajo son mis clásicas excusas para presentarles. Ahora ya no tiene sentido decirlas, pues tengo bien claro que: siempre lo que implica dejar de hacer algo es para realizar otras cosas que, por más innecesarias que parezcan, pueden enseñar mucho. No hay luna que cada noche no enseñe una estrella diferente y eso hago, así siempre se mire al mismo lugar, quizá lo que vi ayer no lo vea hoy ni mañana. Y entre madrugadas sin sueño y días sin sol la vida transcurre rápido y los sentimientos son lentos.
Aquí dejo un pequeño extracto de la duda que ha carcomido mis pensamientos y ha explotado como cohetecillo de aires navideños frente a mis ojos..
jueves 1 de enero de 2009
Entre letras por Kate* 1 ángulo(s)
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martes 11 de noviembre de 2008
"lo poco que queda"
Otra vez el mismo sitio con emociones tropezadas, canciones como espejos y miradas encontradas. Con un cuento inicias la visita de un mundo de ensueño, la salida aún no la diviso, es más, ni siquiera la imagino. Éramos dos, pero a la vez uno. Frases desligadas y risas sin razón relucían sin sentido en conversaciones extrañas que salían naturalmente. El silencio se colaba con el aire, pero quedaba despedido cuando cruzaba la puerta del cuarto. Los murmullos recreaban situaciones detrás de la pared, pero la verdad era otra: pura y sencilla. Las canciones recorrían la habitación y no quedaba espacio sin ritmo. El corazón se detuvo ante la impresión de las circunstancias. Todo parecía ser lo que no era, lo que, por el momento, no será.
Corazón palpitante de acciones detenidas por el miedo al pasado…
Solía pensar en ti al cerrar los ojos, imaginar tu rostro a unos cuantos centímetros, aunque estés lejos. Era demasiado pedir que tu recuerdo no recalque una y mil veces en mi memoria, que hostigue mi presente aún con el pasado. Las horas pasaban y practicaba mi indiferencia frente al espejo que lleva tu perfil dibujado. La incertidumbre por tenerte siempre presente me obligaba a buscarte a cada momento, en lugares menos pensados y rincones de mi cuarto donde tu olor quedó.
Apunto de todo, lejos de nada…
Tú y yo. Una fotografía congelada en el tiempo. Cerca tímidamente, pero estáticos por la circunstancia. Tengo clavados tus ojos en los míos, me cansé de mirarte, quiero besarte. Situación rara, pero cierta. La foto se tomó, no se pudo hacer nada. Tengo el antes, más no el después. Te siento lejos con el paso del tiempo, pero permanezco aún en tus brazos en un cuadro que guarda tu color.
El último vals sin ti…
Los pasos ligeros se mueven por el salón. No hay tiempo para detenerse, la música sigue el ritmo de mi voz. Las ondas se forman en el piso y la energía parece brotar del cuerpo. Vals con emoción y fuerza con dolor. Recorrí cada parte del suelo helado por tu ausencia. Busque de reojo tu andar, tu giro de caballero. La concentración parecía escapar, el baile se hacia monótono y la melodía se disipaba en el aire. Baile sola toda la noche, mientras de reojo buscaba tu silueta.
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martes 4 de noviembre de 2008
Soledad
Habían pasado los días y él aún seguía ahí. Esperando, a la sombra de sus pesares, que ella le regalara un poco de felicidad. Gastaba más de media vida en pagar sus placeres terrenales, pero nada lo podía detener. Ella, se deslizaba como serpiente por su cuerpo plagado de deseos que el dinero le había comprado a la muerte, aquella que acechaba cada noche como una estridente canción en madrugada. A veces el cielo parecía tornarse claro, reflejando el brillo de los pastizales del campo que aún no han sido destrozados. Pero él no podía ver más allá de su silueta gris dibujada en el suelo desnudo. A pesar de todo Soledad era su compañía. Después de muchas sólo ella se vendió por completo. Sin embargo, para él, era difícil descifrar la forma de la sombra, que guardaba en su imagen dos seres unidos. Él vivió mucho tiempo con ella, más no se percataba de su presencia. Paso el tiempo y él se cansó de vivir con Soledad. Una noche muy oscura escapó de su lecho y corrió al mar de su vida pasada. Estaba seco, árido, pero llenos de recuerdos, que el dinero nunca pudo comprarle. El eco indiferente de las películas dibujadas en su mente se hacia cada vez mas fuerte. Poco a poco, recorrió las orillas de su vida y vio dibujada a la muerte. Sabía que no podía escapar de ella. Así que se echo a sus brazos. Lanzo dos gritos al aire para que Soledad no se quedara sola.
Entre letras por Kate* 1 ángulo(s)
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lunes 13 de octubre de 2008
Quieta
casi inmóvil ante la luna
más no te movías
pasaste horas bajo tristes lágrimas que recorrían tu cuerpo desde el cielo
El mar parecía cada vez cantar más fuerte
El viento comenzó a dibujar formas extrañas con tu pelo
No sé si era por ti o por mí
Entre letras por Kate* 6 ángulo(s)
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domingo 5 de octubre de 2008
El abrazo de mi abuelo
El abrazo de mi abuelo
fue, después de mucho tiempo,
el primero de mi media vida.
O será que no recuerdo otro
tan profundo.
Hoy sucedió así,
me congelo por 1 minuto
la calidez, la potencia y el amor.
Mi fragilidad se estrechaba entre sus brazos.
Mi mirada permanecía perdida.
Mi fuerza por contener las lágrimas,
quedaba destrozada en el suelo.
Quizá no lo esperaba
o es que lo imaginé,
pero a raíz de esto todo cambio.
Mis ojos salpicaban un brillo especial,
mientras las gotas recorrían mis mejillas,
sin saber el por qué.
Si tan sólo hubiera dicho “te amo”,
en mi loco futuro, reflejado en el presente,
hubiera podido morir tranquila.
Entre letras por Kate* 6 ángulo(s)
Etiquetas: Poemas
miércoles 1 de octubre de 2008
Presa de su propio juego
Él era un conocido, pero no su amigo. Nadie sabe cómo llegó a abrir la puerta que muy pocos han encontrado. Pero está vez el trabajo le fue fácil. A ella la conocí cuando era pequeña, cuando aún soñaba y reía, cuando sus emociones se fundían junto al sol. La dejé de ver un tiempo y ahora mira qué es. Ella creció. Aún intento pensar que su espíritu no se ha perdido. Hoy la veo por el espejo de su cuarto y sólo observo un reflejo convexo. Contaré su historia no contada. Es más, secretos que ni ella quiere recordar. Ella lo conoció sin saber que cierto día la obligaría a extirparse pensamientos agridulces que ensuciaron su vida.
Cuando ella tenía tan sólo 12 años, saltaba por las copas de los árboles y bailaba con el aire. Sola, casi siempre. Conversaba sin parar, aunque nadie la escuchara. Solía escribir en las noches, en aquella libretita rosada cubierta de peluche que siempre la hacía estornudar. Nadie sabía de sus historias e, incluso, ella cerraba los ojos para no leerlas. Era tímida en su cuarto. Sabía perfectamente el rol de sus paredes. Sólo quería que la vieran más no que la oyeran. En madrugadas sin luna, escapaba por la ventana, respiraba el aire húmedo y corría. Era su pasatiempo correr por sus pensamientos, indagar sus emociones para luego ejecutar sus acciones. Con el tiempo se volvió fría y calculadora, había aprendido en sus viajes que debería ser cauta. Se desenredaba entre las personas como el cabello entre los dedos. Aprendió a hablar sin transmitir estados de ánimos. Rechazaba propuestas sin decir no. Comenzó a jugar con las palabras para ver el daño que causaban.
Habían pasado varios días después de que los presentaron, pero a ella no le importaban sus sentimientos. Ya había aprendido a no desligarse del camino. Por más duro que sonara la soledad. Estaba ya en la universidad, nada la movería de ahí. Aún con sus ideas confundidas encontraba el momento preciso para utilizarlas. Ellos se veían pocas veces. Ella saludaba y él sonreía. Cuando yo tenía tiempo, solía acompañarla a la biblioteca, lugar que fue su refugio y escondite. Ella sabía que él estaba despertando la leña interna. Más, se tapaba los ojos mirando al sol. Ciertos días, a solas, ella caminaba por los pasillos que él frecuentaba; con su mirada perdida fingía como bien lo sabe hacer. Quería engañarse a sí misma, pero no podía. En sus últimas caídas no le había ido nada bien. Por lo menos, intentaría llenar sus fantasías imaginando que hace algo por buscarlo.
Aquí tuvo su primer desliz. Casi a punto de culminar la secundaria, tras juguetear con sentimientos se vio obligada a terminar lo que había comenzado. Sin querer, como suele decirlo, enamoró a Joaquín. Él, gentil y fiel caballero, no dudo en caer en sus redes. Estuvieron juntos un tiempo, ella pensó que podría enamorarse de él. Mientras tanto, Joaquín tejía mundos fusionados por un amor ficticio. A diario recorrían los recreos pendientes de la unión de uno de sus dedos. Les gustaba negar su relación ante los demás, pero se mostraban cariñosos juntos. A la salida de la escuela, él la acompañaba a su casa y tras 8 horas de deseo lograba arrancarle un beso. Pero la mentira no le duraría mucho, pues astutas voces llegaron a los oídos de Joaquín gritando lo que sabían. Pasaron semanas de rencillas y discusiones. Ella aún mentía y él siempre perdía. Pero se cansó. Sin embargo, mientras ella rebuscaba soluciones a este embrollo, se dio cuenta que el hilo del amor también había cocido su corazón. Al parecer no era experta fingiendo, sino que sí lo sentía. Pero lo que mal comienza, mal acaba, o al menos aquí fue así. Terminaron las clases y él desapareció. No le quedaba otra alternativa, no era rencoroso. Pero qué otro pago más grande le podría tocar a ella, que por meterse en el mar bravo casi se ahoga en sus sentimientos.
Así cada mañana, dejó la fila del medio para sentarse junto a la ventana. Yo sólo compartía unas cuantas clases con ella, pero aprendí a leerla. La conocía desde los 4 años y aunque no éramos íntimas, adivinaba sus pensamientos. Creo que su historia fue mi obsesión. Era otoño cuando su vida parecía repetir experiencias pasadas. Las hojas se veían caer por la ventana y los días marrones eran clásicos de novelas. Ella se dejó distraer por signos falsos. Quizás ahora ella era una pieza del juego. Él solo sonreía al verla y, una que otras veces, le preguntaba cómo estaba. Pero ella parecía olvidar la realidad cuando navegaba en sus ojos. Un día escuche cuando ella murmuraba mientras escribía “Sus ojos, su brillo, perderme en ellos es poco, llegar a su boca sería mi destrucción”. Al parecer, su diario era una reproducción de hechos a lo largo de su vida. Ella solía engañarse repitiéndose muchas veces que el control estaba en sus manos. Pero no se había dado cuenta que lo extravió cuando sus miradas se cruzaron.
Después de estos caminos gastados, ella prometió no volver a escaparse de su propósito. Sufrió en su propio juego y decidió decirle no al amor. Aunque en el fondo, aún guardaba las ilusiones que de niña soñó. Se esforzó por ingresar en los mejores puestos a la universidad y lo logró, como todo lo que se planteaba. Se hizo promesas que a cualquiera le parecerían imposibles. Pero ella no tenía límites, al parecer los golpes aumentaban su orgullo. Cierto día, yo conversaba con un amigo de otra facultad y llegó. Por cortesía los presenté y sin parpadear me di cuenta que algo pasó como un rayo entre ellos.
Él se dio cuenta de lo que estaba pasando, habría que ser ciego para no verlo. Pero no era alguien de fiar, solía engañar y luego echar la culpa de sus pecados. Así pues la encontró en los pasadizos de su oscura facultad. Ella desentendida lo saludo y paso de largo. Él ya tenía una apuesta por cumplir. La llamó y conversaron un rato, ella parecía sonreír tímidamente mientras charlaban. Al día siguiente, los vi salir juntos de la universidad. No era mi intención seguirlos, pero la curiosidad me carcomía. Caminaron descalzos por la playa, vieron caer al sol e intercambiarse por la luna, compartieron un plato de comida y él pidió un vino para brindar. Habían pasado casi 8 horas desde su salida, ella había bebido demasiado y, si mis ojos no me engañaron, él la subió a su carro.
Fueron varios días que ella no asistió a clases. Nadie daba respuesta a sus faltas. Lo más raro fue que él también desapareció. Supuestamente aquel día fue el mejor para ambos. A pesar de que mi relación con ella no era de plena confianza, decidí ir a buscarla a su casa. Su mamá me conocía así que me dejo pasar, la vi en el rincón de su cuarto gritando, algo poco usual en ella. Sus palabras fueron crudas como su dolor.
“me siento sucia, vacía, aunque me lavara miles de veces no podría quitarme su olor, las marcas de sus manos están tatuadas en mi piel, aún siento su respiración, aún me escucho gritar auxilio en un cuarto desolado de la calle más oscura de mi vida”.
Entre letras por Kate* 4 ángulo(s)
Etiquetas: prosa
martes 23 de septiembre de 2008
"Libre eres"
Acostumbras jugar con los desafíos de la libertad
sin darte cuenta que ella te aprisiona
en su magnífico concepto.
Aquella que te ofrece sueños e ilusiones,
que te abre las alas
y te empuja al abismo
a volar,
te seduce siempre a vivir pendiente de ella.
La búsqueda por romper los barrotes,
ser libre y no atado,
ha calado tanto en tus ideales
que a diario te encierras en tu burbuja
para encontrar tu propia autonomía.
La exploración por la anhelada libertad
sólo entierra más los derechos del que la busca.
Una concepción ambigua, pero necesaria.
Necesitas saber que tu búsqueda
te volverá libre
para darle sentido a tu propia cárcel.
¿Acaso no somos libres?
¿Por qué encerrarse en conceptos?
¿Por qué buscar algo a pesar de tenerlo?
El que busca ser libre se clava más años de condena
Entre letras por Kate* 8 ángulo(s)
Etiquetas: Poemas
