Él, desde su ventana, divisaba aquella perla en el cielo que alumbraba sus noches de insomnio. En ese momento, se puso a pensar si ella también alzaba su rostro y miraba la luna cómo él lo hacía. Sin querer eso sucedió. Las dos miradas se encontraron en un punto fijo.
Su impaciencia saturó su tranquilidad. No aguantó más y escapó a través de 254 caracteres. Ella, en esa escena confundida, interpretó lo que leyó y soltó su incertidumbre en poesía. Algo que no sabía hacer, que nunca había intentado, que en realidad ni siquiera sabía su verdadero significado, pero lo hizo.
Fue una conversación muda, donde hablaba el corazón. Las manos podían expresar mucho más que las palabras, en esta situación. "¿Has visto la luna hoy?", él preguntó. Ella tecleó lo más rápido posible, plasmando su voz en dígitos numéricos. "No puedo verla por el brillo que proyecta. Hay miles de miradas que la vuelven anhelada. Sin embargo, sólo dos pueden cautivarla. La luna es bella, cómo dejar de verla", respondió.
Un remesón recorrió todo su cuerpo. No sabía qué decir. No sabía poesía. Él intentaba contestar, pero su corazón bailaba cada vez más rápido. Le ganó el tiempo, como suele hacerlo. Ella golpeó nuevamente sus dedos contra el plástico duro. Estaba motivada, eufórica por aquel brillo que nunca había recibido. "La plenitud de la luna ayuda a soñar con pasión. la claridad que propaga alumbra el camino a las estrellas. Estar frente a ella es fácil, detenerse a observarla, sin parpadear, es impactante".
Después de leer esto, el choque fue tremendo. Ella lo hería aún queriéndolo. Él se sintió menos. No la merecía, gritó. El silencio virginal, que por horas era libre para hablar, se interrumpió por la desdicha de su corazón. "No creo ser merecedor de esto", dijo, pero ahora por la ventana. Ella se enfureció, replicándole a la luna. Esta al parecer entendió la situación. Y sin brillar más desapareció.
Una hora de silencio absoluto, ya ninguno podía pensar. La lluvia remojó sus ideas en charcos de indiferencia. Aplacó la ira de los dos y barrió su dolor por las alcantarillas. Mas la luna ya no estaba. La ilusión se esfumaba.

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