lunes 15 de septiembre de 2008

Buscando...

Eran ya las 8 de la noche y ella no podía dormir. Esperaba tras su ventana la llegada de Julio. Los segundos carcomían su paciencia, mientras su corazón se acrecentaba en sus gritos de desesperación. Ella sabía que él no le pertenecía. Ella lo sabía. Más él quería ser parte de ella. Pero no podía. Ambos desde sus cuartos recordaban aquellas tardes bajo el firmamento, bajo la lluvia de verano, bajo el sol que acariciaba su piel durante los paseos en bicicleta. Ellos se recordaban más no se pertenecían. Uno de ellos no quería.

Sus conversaciones, al principio, tendían de ventana a ventana. Él tímido; ella extrovertida. Ambos la pareja imperfecta. Se conocieron por azar, por juego, por un paseo a la playa. Él no le hablaba ni le prestaba atención. Ella era libre como la música que él amaba, pero tenía un defecto obtenía lo que quería. Caprichosa, indomable, excesivamente jodida, pero tierna, amable y sonriente. Creo que ese fue el motivo de la perdición de Julio. Su sonrisa. Aquella que dibujaba cada tarde mientras volaba en su imaginación. Trazo a trazo, no perdía ningún detalle. Pintaba poco a poco sus labios gruesos. Delineaba con pasión sus labios rojos intentando besarlos. Pero aún en su mente ella se escapaba.

Él se dio cuenta que ella existía. No supo cómo ni cuándo, pero de pronto divisaba su rostro en el horizonte. Julio dice que nunca la miró; no obstante, sus retinas sí la vieron. Comenzó a hacer cosas que nunca pensó. Ahora era él quien buscaba atención. Ella sabía lo que sucedía, qué sentía y cómo la miraba. Y aún así siguió jugando en su memoria, atando sus venas, endulzando sus ojos.

Llegó el 5 de febrero y el hielo se rompió. Se volvieron amigos, cómplices, consejeros y revolucionarios del hogar. Siempre que estaban juntos el tiempo corría tras el destino. ¿Destino? ¿acaso dije destino? eso temía Julio. El miedo acechaba su mente borrando aquellas tardes sobre el acantilado, viendo el sol caer, sintiendo el aroma del mar, viendo los aviones de los niños chocar y destruirse, así como se destruyó su corazón.

Él recuerda aquella noche cuando Carla desapareció. Vio volar por el firmamento, que fue testigo de sus besos, aquellos pétalos de hojas canson que decoraban el balcón de ella. Le dolió, más no se rindió. Terco era y lo había aprendido de ella. La llamó, le pidió que hablasen, pero ella nunca respondió. Sólo escuchaba tras el auricular, aquella voz que los primeros días le provocaba curiosidad. Siguió rompiendo en pedacitos sus rosas de origami. Soplándolas con cariño ácido a la ventana de Julio. Qué modo de querer. Aunque, ¿eso es querer?. Ella misma se cuestionaba.

Pasó el tiempo. Él rendido tras múltiples intentos de coger su corazón y tomarla como antes bajo la luna tibia, el murmullo del mar y los bichitos que se subían por sus cuerpos mientras el pasto del acantilado los abrigaba. Humillado y cansado. Ella sutil, indiferente, buscando otra víctima para sus enredos.

Nunca más se volvieron a ver, aunque él intentaba buscarla. Qué quería ella, nadie lo supo. Ni siquiera ella. Así, lo que nunca comenzó, terminó con la llegada del invierno. Ellos aún se piensan, aún se anhelan. Pero hay una diferencia, él la sigue queriendo en secreto. Ella lo extraña y no sabe por qué. A pesar de que sus ventanas siempre están abiertas. El zumbido en sus conversaciones ya no tiene efecto alguno.

12 Comments:

Grecia said...

"Ella sabia que el no le pertenecia", "El sabia que ella existia", las mejores cosas de la vida, siempre acaban o terminan mal......no se si es una ley, pero siempre sucede asi.=)

Kate* said...

No puedo afirmar que todas las cosas siempre acaban mal, pero todo depende de cómo las mires. "Quizá él no era para ella". Muchas historias sólo son un tránsito de errores para nacer de nuevo o morir en el intento.

Un beso.

.patricia. said...

Kate anda filósofa.

Kate* said...

jajajaja

las clases de Nugent no fueron por gusto..

jajaja

:)

Anónimo said...

si dices que ellos todavia se piensan y anhelan, entonces que impide que esten juntos??

Anónimo said...

"Eternal Sunshine of the Spotless Mind" (2004)

:)

Kate* said...

El pensarse y anhelarse no implica amarse. Puede ser que ella sólo lo recuerde cuando pase por aquellos lugares donde ambos paraban juntos. Puede ser que él la anhele cuando necesita contarle sus secretos.

El estar juntos no implicaría nada, porque para fingir los dos son muy buenos. Muchas veces se han encontrado y sus miradas ni siquiera se cruzaron.

Esta historia es así. "Él no era para ella o quizás fue al revés".

.patricia. said...

"Eternal Sunshine of the Spotless Mind" (2004)

Hoy dio la peli, está geniaaaaaaaaaal !

Anónimo said...

tal vez si era para ella o ella para él, pero ahora quien lo sabra ?
no basta con escaparse pues al final siempre lo hará.
aveces cuesta aveces asusta pero al final te das cuenta que valio la pena el intentar.

Kate* said...

Ella se dio cuenta que él no era el indicado, sólo fue fruto de sus ilusiones, que como todo deseo no logrado tiene repercusión de culpa en el futuro.

Ese fue el final.

MeL said...

kate...
que triste =(

"kate casos de la vida real"

Anónimo said...

las relaciones son un conjunto de errores de los cuales uno aprende, en el caso aca presentado creo que se presenta una buena amistad y un gran querer pero no una relacion de pareja